viernes, 20 de octubre de 2006

Ante todo, mucha calma

Y si no, qué vas a hacer? Te vas a volver loco? Cada día tiene su afán, y el de hoy no será menos. Cuando ayer parecía que no me daría tiempo a terminar nada, parece que conseguiré estar al día en menos de lo que esperaba. Que seré capaz de terminar muchas de las cosas que tengo pendientes.


Por supuesto, quedarán cosas pendientes. Siempre quedan cosas pendientes. Pero probablemente esa sea una de las maravillas de esta vida que nos ha tocado vivir. Que siempre queda algo por hacer. Que siempre habrá un nuevo reto, una nueva necesidad.


Dice una canción de Drexler (del último disco, pero no recuerdo el título): "tu corazón va a sanar [...] y va a volver a quebrarse". Quitando las evidentes implicaciones amorosas, tiene mucho que ver con un concepto cíclico de la vida que cada vez tengo más claro. Hay cambios, evidentemente, cosas que no se repiten. Pero hay un murmullo de fondo. Una serie de cosas que se repiten cada cierto (largo) tiempo. Como pasa el tiempo suficiente para que te olvides entre ciclo y ciclo, puede darte la sensación de que ya has superado una etapa, de que has pasado al siguiente escalón. Pero nada más erróneo. El ciclo vuelve. La rueda de la fortuna vuelve a girar.


A veces me gusta hacer esto. Ponerme a escribir sin pensar mucho en lo que digo. Dejar que los dedos bailen vertiginosos por el teclado, y que cada palabra, cada tecla, me arrastre sin pensar a la siguiente. Y descubro cosas extrañas. Como ciertos pensamientos que no me había planteado seriamente, o que no había llegado a considerar en profundidad. Como el de arriba.


La única condición es no borrar lo que hayas escrito, y no hacerlo demasiado a menudo, no vaya a ser que me acabe por conocer demasiado. Y por supuesto, no pensar en la frase antes de escribirla. Si se detiene la inspiración (o lo que quiera que sea que me lleva a ser capaz de escribir sin pensar, o pensar escribiendo) se acaba el texto. Como ahora.


Saludos de viernes con sabor a inspiración desinsipirada, a dadaísmo, a movimientos literarios, a sacos de dormir, a cervezas en un bar, al cálido abrazo que me diste...


P.D.: Como curiosidad, o confesión, así es como escribo los saludos que me regaló Mirki. Sin pensarlo, simplemente soltando sensaciones del día. Por eso siempre quedan tan embarullados o carentes de sentido. O quizás no tan carentes de sentido, quién sabe...


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